Mientras me debatía yo en un intensa lucha interna sobre que hacer con mi futuro, llenándole la cabeza a la gente con mis planes de vida dublinesa y salarios europeos, un nuevo abismo ahonda el que ya existía. Lo que este pasado viernes tenía que haberse convertido en el último examen de mi vida, un mero trámite que marcase un duro punto de inflexión, pasó a convirtirse en un terrible infierno que me hizo sufrir por cuatro horas para sacar como único provecho el hundirme en la miseria. La frase nos vemos en septiembre, me da que volverá a sonar este año. Un hermoso Verano de estudios matemáticos se abre ante mí, sin duda mucho más provechoso que mis debates dublineses... Eloi, Eloi, Lama Sabachthani?!