Estaba yo ayer habando con una amiga asturiana de que sí, gallegos y asturianos primos hermanos, pero que aún teníamos nuestras diferencias. Sobre todo esa manía de no decantarse por ninguna opción en concreto y de que todo dependa de algo. La conversación acabó derivando en otra factor tan nuestro: ese último cacho de comida que queda en la fuente sin que nadie se lo sirva y popularmente (mal) llamado verguenza del gallego, comportamiento que cualquier "extrangero" considera un misterio en sí mismo y no es capaz de actuar ante él. Yo le explicaba que no es que no se coma por verguenza, sino por cortesía. El último cacho se deja por si alguno de los otros comensales quedó con hambre, y cuando esto no es del todo eviendete (tú tienes hambre, pero parece que aquel otro de allí también lo mira con deseo), pues te partes la mitad, y así recursivamente. Este protocolo, en principio sencillo y que entre gallegos no genera ningún tipo de problema, a los no versados en el tema los deja preparados para ser etiquetados con el cartel de listillos por echarse el último trozo antes de tiempo y sin compartirlo con nadie (craso error en el que suelen caer futuros cuñados sin saber muy bien por qué). La verdad es que así visto desde fuera, parece excesivamente complejo pensar tanto y estar atento de lo que hacen y miran todos tus compañeros de mesa por un simple cacho de carne. Con lo fácil que es la solución matemática de n cachos por persona. Pero claro, que pasa si es una ración de pulpo á feira...