Podría haber sido Adolfo Domínguez, pero no, lo digo yo. La ruina es bella. Ya desde pequeñito sentí una especial predilección por las cosas en estado ruinoso. Y sobre todo por las ruinas modernas. Cuantas tardes recorriendo minas abandonadas y cargaderos de carbón. La sensación de ver una fábrica que hace apenas 20 años rugía con el traqueteo de su maquinaria y obreros, absolutamente vacía y silenciosa, reconquistada por polvo, tierra y vegetación se me presenta gratamente reconfortante. Es como caminar entre la desolación tras una gran hecatombe, o ser partícipe de la ciencia ficción. Todo esto viene a cuento de un par de reportajes que me encontré por ahí hace ya algún tiempo:
  1. Modern Ruins: estupenda colección de fotos de Shaun O'Boyle. Fabricas, estaciones, almacenes, power plants... merece ser recorrida con tiempo. Sin desperdicio.
  2. End of the Line: reportaje para la revista Foreign Policy sobre el desensamblaje a mano de grandes buques en las costas de Bangladesh. Tal cual sacado directamente de Mad Max.