pizzaEs viernes. O Domingo. Da igual. Ayer saliste y estás de resaca. Son las cuatro de la tarde. Y estás sin comer. Solución: Telepizza. Cosas como esta fueron (o son) tan comunes que ahora mismo aborrezco la pizza del telepizza y similares. No la pizza. Por que en el telepizza la pizza sabe a telepizza, no a pizza. Da igual lo que le eches. Da igual si es de atun y champiñones que de peperoni con anchoas. Saben todas igual (de mal). Y si a eso le añades el susodicho día de resaca, el resultado es un odio visceral a esas pizzas. Son cosas que pasan. Igualmente odio las chuletas de cerdo, tras años de comedor proseguidos de años de cocina estudiantil. O las hamburguesas del bar de abajo. El verdadero problema, creo yo, está más en la situación que asociamos a la comida en cuestión. Y claro, a nadie en su sano juicio le apetece resaca. Y por mero aprendizaje pauloviano, ahí estoy, odiando la telepizza. Por suerte, está el precio prohibitivo de las cosas ricas, que hace que no nos podamos cansar de ellas. A lo mejor resulta que por eso son tan sabrosas y suculentas. Así que si tienes la gran suerte de que te encante alguna comida barata, !cuidado!, no abuses. De niño me encantaba la telepizza, que tiempos aquellos. Ahora donde esté un buen (y carísimo) chuletón de buey...